viernes, 7 de julio de 2017

Experiencia y opinión sobre segundo de bachillerato.

   Hola a todos,

   Esta es mi primera entrada en un blog que he creado más que nada para compartir con todo aquel que quiera leerme algunas de mis experiencias más recientes dentro de lo que es la vida del estudiante, incluyendo además mi opinión personal acerca de lo vivido.
   Hoy quería hablar de un tema que ya ha sido tratado en infinidad de ocasiones y que todo el mundo conoce: el temido último curso de instituto, segundo de bachillerato. Si hago esto es, aparte de por los motivos expuestos anteriormente, para intentar en parte desmitificar esos ocho meses que muchos califican como "los peores de su vida", pues si bien es cierto que hay contenido de sobra acerca de este asunto, en ocasiones me da la sensación de que la imagen que se percibe del año escolar es la equivocada en cierta medida y de ahí que tantas personas lleguen tan asustadas a su primer día de clase en segundo de bachillerato. Dicho esto, podemos comenzar:
   Antes de nada, quiero pedir por favor que no se me malinterprete. Segundo de bachillerato es un curso realmente duro, que requiere constancia, esfuerzo diario y mucho sacrificio... los estudios pasan a convertirse en la principal preocupación del alumno, que se ve obligado a renunciar a muchos planes, actividades de ocio y demás distracciones para poder aprovechar al máximo el fin de semana, o las tardes entre semana, si es que no están en parte ya ocupadas también por actividades extraescolares. No obstante, a la hora de la verdad, poca gente se sacrifica realmente, son muy pocos los que tienen los objetivos tan claros como para darse cuenta de que detrás de todo lo que en un presente están declinando, les espera un merecido descanso, el reconocimiento correspondiente a tantas horas dedicadas a la misma actividad monótona, cansada y que termina por dejar a uno sin fuerzas al final del día. Pero es que las personas que son capaces de posicionarse por encima del tedio que puede inicialmente suponer el sentarse durante Dios sabe cuántas horas frente a un libro de texto tarde tras tarde, sin perder comba, son las que ven en la satisfacción personal de irse a cama por las noches sabiendo que han hecho todo lo que han podido y más, un beneficio claramente superior al dolor psíquico y al cansancio físico que hace a tantos otros abandonarse más, ir a por el aprobado y no a por el diez. Lo que quiero decir con estas líneas es que segundo es una prueba verdaderamente intensa para los estudiantes ambiciosos, los estudiantes que buscan alcanzar metas que requieren no solo tres trimestres  alcanzar, sino muchos más años, un recorrido de excelencia académica que viene de antiguo, un hábito de estudio ya consolidado, vaya. Todos los demás, estudiarán igual que siempre, igual que en primero, igual que en la ESO, pero se suben al carro de las quejas y los agobios porque, ya que se ha creado el mito de que este curso es imposible, pues nosotros no vamos a ser menos. Y el mito continúa, cada vez haciéndose más fuerte, año tras año, oyendo en los pasillos de los institutos las frases típicas de "es que segundo te deja sin vida social", "no harás otra cosa que no sea estudiar en todo el año", "no dormirás nada por las noches", "primero al lado de esto es una birria", y un largo etcétera de expresiones por el estilo. Por supuesto que es un año duro para todos, y hay momentos, especialmente en las épocas de exámenes finales, en los que la tensión y los nervios dentro del aula son casi tangibles. Pero lo que yo quería dejar claro es que no todos lo vivimos igual, ni en segundo, ni en cursos inferiores y supongo que ni siquiera en la universidad. Hay grados de esfuerzo, hay grados de agobio, y hay diferentes maneras de sobrellevarlo en función de tu carácter, objetivos y aspiraciones. Aprobar el curso no es difícil, aunque estudiar hay que estudiar, claro está, que aquí no regalan nada, pero no es algo nuevo, en niveles inferiores también había que alcanzar una calificación mínima para que la materia contase como aprobada. Acabarlo con muy buenas notas o con matrícula de honor, ya es otra cosa. En este último caso hay que tener claro lo que se quiere desde el minuto cero y no rendirse hasta el final, estudiar día a día aunque siempre teniendo en cuenta que no se estudia para una nota, eso ya viene por sí solo siempre y cuando se trabaje. Esfuerzo, y resultados, así constantemente, el primero trae a los segundos consigo. Esto es una carrera de fondo y es al final cuando más hay que resistir  y que acelerar para cruzar la meta triunfalmente. Y permitidme de paso aclarar que el ser un estudiante de diez no quita el tener vida social o disfrutar de actividades interesantes, simplemente hay que saber organizarse correctamente y ser lo suficientemente maduro para darse cuenta de que hay que reducir las horas que se invierten en ellas para dedicarle más al estudio, pero renunciar completamente, jamás, el descanso es siempre necesario para que los momentos de trabajo sean productivos de verdad.

   Ahora bien, ¿cuál es mi opinión sobre segundo de bachillerato?
   Bueno, honestamente he de decir que como curso en sí disfruté muchísimo más primero, que no me resultó precisamente sencillo pues el nivel de exigencia que me autoimponía era elevado y la materia no era precisamente ligera, sobre todo teniendo en cuenta que varias asignaturas eran completamente nuevas para mí y en un centro nuevo, con compañeros y profesores desconocidos a los que al principio siempre cuesta un poco acostumbrarse. Así es todo, una vez superada la fase de adaptación, descubrí que realmente estaba aprendiendo muchísimo y a una velocidad impresionante, mi campo de intereses literarios, históricos, artísticos, lingüísticos, etc... se amplió sobremanera y debo decir que acabé el curso agotado pero con la sensación de estar lleno de ideas, me sentía cansado pero más vivo que nunca al mismo tiempo. De segundo, no obstante, no puedo decir lo mismo... es un curso orientado a la preparación del examen de las ABAU o como se conoce tradicionalmente, Selectividad (experiencia a la que le dedicaré una entrada a parte), por lo que los contenidos se adaptan a la forma y sistema de evaluación de la prueba y la libertad y recursos de los profesores a la hora de impartir las clases se ven, a mi modo de ver, demasiado limitados por unos estándares tan rígidos como son los de la prueba que hacen de segundo de bachillerato el curso tan asfixiante, no solo para estudiantes, sino también para docentes, que es. Si bien es cierto que tuve la oportunidad de estudiar asignaturas tan interesantes como Historia del Arte, o continuar con mi aprendizaje de Latín y Griego, sentí que en otras circunstancias y sin sentirme constantemente a contrarreloj, las habría disfrutado mucho más. La verdad es que en segundo poco se aprende, más que a acostumbrarse a no quejarse tanto y a aceptar con resignación que desde arriba nos conciban como robots que almacenan datos vacíos en sus cerebros, de capacidad aparentemente ilimitada para recordar autores de literatura, fechas de acontecimientos de la Historia de España entre 1788 y el final de la Transición Democrática en las últimas décadas del XX o técnicas pictóricas de un buen montón de cuadros muy distintos entre sí. En fin, espero que acaben por darse cuenta de que no solo nos gustaría memorizar, sino también tener tiempo para entender, para permitir que la información procesada se asiente cómodamente en nuestras cabezas y podamos, con suerte, llegar a sentirla con el corazón.



 

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